17.02.2017

Oportunidades ¿perdidas?


Las infecciones oportunistas se valen de un factor contagioso que aprovecha la debilidad inmunitaria del organismo para inducir una patología. Pero no se inquieten, no les hablaré aquí de gérmenes ni de contagios, y sí de oportunidades.

 

Esta digresión es consecuencia del resultado –irreversible, a tenor del categórico Brexit significa Brexit proferido por la primera ministra británica- del referéndum del pasado 23 de junio en Reino Unido. Tras el escrutinio se inició una pugna entre los principales países y capitales europeos en pos de la captación de inversiones procedentes de empresas allí establecidas, con la convicción de que muchas de ellas trasladarán su sede por temor a perder su posición en el mercado común.

 

España aparece como uno de los contendientes, aunque no esperen que plantee ante esta circunstancia una analogía con la naturaleza ventajista de ciertas infecciones. Entiéndase bien: España no está siendo oportunista y es pertinente que el Gobierno actúe con la máxima diligencia en la atracción de capital foráneo a partir de las oportunidades detectadas o las coyunturas surgidas en el devenir de los hechos.

 

Pero la duda radica en si esta ambición (y si, responsabilidad) política no se verá lastrada por una doble sintomatología compatible con un cuadro de debilidad de nuestro país a ojos e potenciales inversores exteriores.

 

Transparencia Internacional concluye que España se sitúa “en un pelotón de países que se han acercado peligrosamente a la corrupción sistémica” y la coloca en el puesto 41 del ránking de percepción de la corrupción en 2016 (ocupaba la posición 36 en 2015) en un estudio hecho público a finales del pasado mes de enero. Por su parte, el Informe PISA de evaluación de estudiantes presentado a finales de 2016 refleja que, si bien España consigue escalar algunas posiciones en el ránking, en buena medida este hecho se debe a la caída del promedio de la OCDE y que, en cualquier caso, el país sigue por debajo de buena parte de las naciones europeas que aspiran a repartirse los dividendos del Brexit.

 

Lo primero concierne a la seguridad jurídica. Lo segundo, al talento y al capital humano. Son síntomas de disfunciones preocupantes. ¿Cómo percibirán los inversores foráneos este diagnóstico? Sin un tratamiento diligente y apropiado, las oportunidades solamente serán perdidas.

 

José María Bové

Presidente de Bové Montero y Asociados

 


Ficheros:
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